Japón 1

19 septiembre, 2018
19 septiembre, 2018 Mikel Baraibar

Japón 1

Hoy hace dos semanas desde que salí de casa camino a Japón (esto lo escribí el 17-09-2018). Los preparativos previos fueron un poco estresantes, porque como no sé hacerlo de otra manera ni aunque lo tenga planificado desde hace tiempo, dejo lo de hacer las maletas para el último día a última hora.

 

El destino de llegada a Japón hubo que cambiarlo a última hora en el aeropuerto de Frankfurt. El avión con dirección a Nagoya se canceló porque un tifón estaba acercándose a la zona, así que cambé el avión y aterricé en Haneda (Tokyo). Como no podía ser de otra manera, mi Pinarello viajaba conmigo y debido a este cambio de última hora, la maleta de la bici no llegó a Haneda a la vez que yo… Bueno, llegó dos días más tarde, así que ni tan mal. Me ahorré tener que tirar de ella por la estación de tren de Tokyo mientras cogía el Shinkansen.

Me impresionó mucho ver a la gente en la estación del metro al punto de la mañana. Eran como un millón de pelotones de gente a la vez, casi todos vestían igual, pantalones oscuros y camisa clara. Todos iban a lo suyo, sin mirarse y sin chocarse y todos en silencio. Esto me impresionó aún mas cuando entré al tren. Este iba a rebosar de gente, no entraba casi ni un alfiler, y estos seres fotocopiados mantenían la misma pose dentro del tren, mirando al móvil o a ninguna parte, con la cabeza gacha y sin hablar. Ese silencio me estremeció.

Una vez llegué a mi destino, pude ver el vendaval que dejaba tras de sí el tifón ya desde mi habitación de la residencia dónde me alojo estos primeros días.

 

Como bien es sabido, los japoneses son muy organizadicos ellos. Ya me habían preparado una cena de bienvenida para ese mismo día. A la mañana siguiente, la primera en la oficina, ya tenía un escritorio en condiciones, ordenador, teléfono y material disponible. A cambio, tuve que presentarme con un discurso a toda la oficina. Eso sí, ni una palabra de japonés! Jajajajajaja

Otra cosa que me hace mucha gracia, y aunque no lo hubiese pensado así antes de llegar aquí, es la gimnasia que se hace en la oficina antes de empezar la jornada. Ponen una musiquilla por los altavoces de la empresa y todo el mundo se coloca en su puesto de trabajo a hacer los ejercicios. Creo que esto lo hacen desde que van a la escuela, con lo que a ellos les parece muy natural, pero a mí me hace mucha gracia y me resulta divertido! Jejejejejeje

 

Me pilló de imprevisto la hora en que oscurece, ahora a principios de septiembre, a eso de las 18h10, no tienen horario de verano e invierno, lo que me deja fuera de juego para andar en bicicleta tras la jornada de trabajo, o al menos, hasta que me haga con mis queridos focos. Jejejejejeje. Así que me dije, “empiezo a correr a las tardes y a ver qué pasa”. ¿Y qué pasó? Pues que para variar, los primeros días perdido… Más vale que estamos en el siglo XXI y mi amigo Google Maps me saca de estos apuros rápidamente. Jejejejeje.

 

El fin de semana, que ya por fin tenía la bicicleta, salí a rodar un rato. El destino lo marcó el único lugar que conocía en la zona, ya que el día anterior tuve allí una reunión de trabajo. El resultado, muy agradable! Pude ver un millón de templos budistas por el camino, frondosos bosques y fuertes ríos con sus cascadas, unas preparadas y otras naturales, muchísimas casas tradicionales japonesas y la gente caminando sin prisa en los pueblos por dónde pasaba, como en las películas, o al menos eso me imaginaba yo. Era como andar en bicicleta por primera vez teniendo un mundo por delante para descubrir, como cuando con 8 años íbamos los fines de semana con Eneko, Pablo y nuestros padres a dar la vuelta a Aranguren o San Cristóbal, pero en un mundo extraterrestre. Lo que también era nuevo para mí, fue la manera de circular, y es que nunca había “conducido” por el carril izquierdo. Cuando se va en plena circulación es más o menos fácil, sólo hay que seguir la línea de la carretera si está marcada u orillarte a la izquierda de la calzada. Pero se me hace extraño, por ejemplo, que uno espera escuchar los coches que te adelantan por el lado izquierdo y sin embargo, oyes acercarse el motor de los vehículos por la derecha. Otra cosa que me cuesta, es cuando cojo un cruce o me tengo que incorporar a la carretera. Estoy acostumbrado a incorporarme bien pegado por la derecha y en Japón hay que hacerlo por la izquierda. Así que un par de sustillos sin importancia ya me he pegado. Jejejejejejeje

El domingo opté por la opción de curiosear en Strava los recorridos que la gente hace por aquí, así que más o menos iba sobre seguro con el trayecto que quería hacer. Lo que pasa es que siempre me entra la curiosidad por nuevas carreterillas y acabo perdido. Eso sí, el sitio dónde me perdí, impresionante. El Castillo de Inuyama, una de las visitas obligatorias en la zona!

Ah, se me había pasado comentar que aquí el tiempo es muy cambiante y hay que hacer como cuando los de Pamplona vamos a San Sebastián, siempre con la chaquetica por si acaso. Así que el chubasquero al bolsillo y a tirar. Mira tú por dónde, a pesar de que la predicción meteorológica era buena, me lo tuve que usar los dos días ya que se escapaban unas gotillas de lluvia de vez en cuando.

 

El resto de los días, bien. Trabajar, salir a correr, otro día al gimnasio, ir a descubrir un poco la ciudad y un par de días a cenar con los del trabajo. A los japoneses les gusta mucho eso de socializar con los compañeros de trabajo. Así que, allá dónde fueses, haz lo que vieres.

 

Este último fin de semana también fuimos unos compañeros de trabajo a la ciudad de Kumagaya, para participar en unas actividades deportivas que organizaba la empresa. Creo que en condiciones normales, si se hubiese celebrado en Pamplona, no me hubiera apuntado, pero como de momento todo es nuevo para mí y tengo curiosidad, pues, por qué no ir? Estuvo muy divertido y me lo pasé bien jugando al Bubble Football, pero lo mejor de todo fue probar el Onsen. Son unos baños termales donde está separado el acceso de hombres y mujeres y donde además, puedes disfrutar bañándote relajadamente, eso sí, como Dios nos trajo al mundo. Al principio me resultó un poco violento, pero como todo el mundo iba igual, no era el diferente, con lo que poco a poco me fui acostumbrando y acabé igual de relajando que ellos. La experiencia fue chulísima. Sin duda, es una actividad japonesa muy arraigada y creo que no tardaré mucho en volver.

 

La verdad es que, lo que estoy conociendo de Japón, me gusta mucho. La gente es muy atenta, sus costumbres las llevo bien y la comida me encanta. Aunque ya tengo ganas de salir con la bicicleta para hacer una buena tirada y quedarme a gusto. También se echa en falta los pequeños detalles del día a día en compañía de la gente cercana, mi familia, mis amigos más allegados y sobre todo, tener a Tania cerca.

Aunque mis hermanas ya tienen el billete de avión para venir a Japón. Si me descuido un poco, llegan antes que yo!! Jajajajajaja

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