Camino de Santiago – mayo 2018

6 junio, 2018 Mikel Baraibar

Camino de Santiago – mayo 2018

A pesar de que siempre he disfrutado escribiendo y de que cada vez que salgo de casa se me llena la cabeza de ideas, llevaba ya unos meses sin redactar ningún blog. Y es que quizás, andaba últimamente un poco aburrido con las redes sociales.

 

Hasta el año pasado que cree la web personal, solía escribir de cada prueba de larga distancia que hacía, una especie de crónica que generalmente compartía con Willow y algún amigo muy cercano. Estoy seguro de que ninguna de estas crónicas superaron nunca los 4 ó 5 lectores, y es que trataban de nuestras pruebas de larga distancia, pero contadas siempre de una manera muy personal. En ellas hablaba sobre el por qué de hacer una u otra prueba, lo qué me enamoraba de cada una de ellas, con un toque tan íntimo que si cualquier otra persona las leyese, me conocería mejor que yo mismo.

Siempre me ha dado miedo que la memoria empequeñeciese todo lo que hasta ahora he disfrutado y de alguna manera me gustaba tener este pequeño regalo conmigo mismo y que me trasportase a vivir de nuevo cada aventura, como si de Bastián montado en Fújur se tratase (“La historia interminable” de Michael Ende).

Pero también, detallaba qué comía y cómo me regulaba la insulina durante la misma prueba y días posteriores, lo que me sirve como recordatorio y punto de partida para mejorar la gestión de mi diabetes en días previos a nuevos objetivos.

 

Así pues, tras haber hecho el Camino de Santiago en bicicleta de carretera el fin de semana pasado, he vuelto a animarme a escribir un poco, contando con bastante menos intimidad que las primeras redacciones, sobre este pequeño viaje.

 

El Camino de Santiago siempre había estado en mi cabeza. No sabía cuándo, pero siempre he querido hacerlo. Mi madre lo ha hecho andando no se ni cuántas veces, yo lo hice con amigos en el 2008, creo, y también le he seguido a Willow con el coche. Así que en diciembre del año pasado, decidí ponerle fecha, y a pesar de que las previsiones meteorológicas eran “adversas”, no modifiqué lo planeado.

 

Salí el viernes 25 de mayo a las 08h50 de Roncesvalles con la bicicleta y llegué a Santiago de Compostela el 26, hacia las 14h40. La duración total fue de casi 30 horas, de las cuales, 28 fueron montado en bicicleta. Normalmente paro algo menos, pero el no tener la presión de que sea carrera o un objetivo marcado de tiempo, además de que la meteo no fue buena, hicieron que parase mucho más y sin mucho agobio.

El resto, me vi muy bien. Pude tirar a una intensidad moderada mucho más tiempo que otras veces. Sólo tuve un par de momentos de sensación de ir a pedo burra y fueron subiendo la Cruz de Hierro y Ocebreiro… Los repechos finales de Galicia también fueron muy pestosos, pero disfruté un montón de todo el recorrido y conforme van pasando los días, aún mucho más.

Al acabar me vi muy entero y el lunes en el trabajo subía las escaleras de un modo saltarín y de dos en dos, mientras que otras veces habría tenido que subir agarrado a la barandilla.

 

Con la diabetes, salí alto al principio, pero pude regularlo rápidamente. Esto me suele pasar en las pruebas del año que más me importan y creo que no es por haber comido más de lo normal o haberme puesto menos insulina, sino por la adrenalina que genera el cuerpo ante determinados momentos de cierto estrés. A partir de ahí, fui todo el rato entre valores de 120 y 200 de glucemia hasta Santiago, y eso sin ponerme insulina rápida, sólo con la lenta (13 unidades de Tougeo el viernes por la mañana y 11 el sábado). ¡Ni me lo creía! Parece que el regular la cantidad de hidrato de carbono que comía por hora (unos 30gHC/h aproximadamente) junto con el ser capaz de mantener una misma intensidad durante mucho más tiempo, hace que se regule todo muchísimo mejor que si hubiese hecho una tirada “muy fuerte” de 5 ó 6 horas y luego hubiese pegado un bajón de ritmo.

 

A parte de lo que a deporte y diabetes se refiere, disfruté muchísimo con el equipo de apoyo: – Eneko, que ya sabe más que yo sobre diabetes y ciclismo de larga distancia, y en quién deposito toda mi confianza para cualquier aventura. – Luis, quien con su cámara de vídeo y el cartel de “acción”, pudo grabar gran parte de la prueba con el objetivo de hacer algún montaje, eso sí, con mucha calma. – Tania, mi pequeña confidente en todos los terrenos. Por supuesto, eché en falta a Willow y Miguel Ángel, con quienes siempre he compartido y disfrutado, sencillamente, todo.

 

Todos ellos además, no son solo el equipo de apoyo del Camino de Santiago, sino que son parte fundamental del Camino de mi Vida.

 

¡Buen camino!

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